4. La Cabaña del Bosque y la Tortuga Barco – Anima Beyond Fantasy –

Estaba casi anocheciendo, y lo primero, antes de plantearse que había pasado, era asegurarse que el estaban en una zona segura, no se moverían de noche en terreno desconocido.

Einar estableció un perímetro seguro a base de trampas utilizando la cuerda de la que disponían y ramas que cortó y ató de forma apresurada, cualquier cosa que se acercara a su campamento, seria empalado por estacas de treinta centímetros.

Mientras, Ban había trepado a uno de los árboles que rodeaban el pequeño claro en el que habían aparecido, eran arboles altísimos, más que cualquiera que él hubiera visto, tenían más de treinta metros de altura, pero eran muy frondosos y estaban llenos de ramas y asideros por los que escalar. Una vez llegó al a cima cogió un papel de su mochila e hizo un mapa improvisado de lo que tenían a su alrededor, unas montañas a su espalda, un surco que recorría las copas de los arboles mucho más adelante, que debía ser un río, y árboles y vegetación hasta donde le alcanzaba la vista.

Entretanto, Wulffrith había estado improvisando un pozo de fuego con rocas que había por allí, así el fuego que encendieran esa noche no sería demasiado visible desde lejos. Vin, Rithiam y Mizuka había permanecido en el claro todo el tiempo, alerta por lo que pudiera pasar, aunque esta última había estado muy taciturna todo ese tiempo.

Una vez se vieron en una zona segura y encendieron un fuego para calentarse y alejar a las posibles criaturas que allí pudiera haber, se sentaron a comer algo y discutir sobre la situación en la que se veían.

-Deberíamos ir hacia el río –Dijo Ban mostrándoles el mapa que había dibujado-. Si hay algún pueblo o gente por aquí, seguramente estén cerca del río, y a nosotros tampoco nos vendría mal estar cerca de una fuente de agua.

-Si -Dijo Einar-, también habrá más plantas que puedan ser comestibles y animales por el camino para cazar. Las provisiones que traíamos no duraran más de tres o cuatro días ¿A qué distancia está el ese río? –Dijo apuntando al mapa-.

-A unos tres días andando –Respondió-. No podría asegurarlo, no se veía bien el terreno por los árboles, tal vez se mas o tal vez sea menos.

-Bien –Intervino Wulffrith-, pues mañana cuando salga el sol iremos en esa dirección, y una vez lleguemos el río, seguiremos su curso a ver si tenemos suerte.

Terminaron de cenar, todos estaban bastante callados, y prepararon la zona para dormir, extendieron sus sacos y mantas.

-Vale, yo me quedaré haciendo guardia –Dijo Ban-.

-Alguien más debería quedarse, por si acaso –Contesto Einar-.

-Me puedo quedar yo.

Escucharon esa voz sobre sus cabezas, y al levantar la vista, vieron a Rithiam, subido a la rama de un árbol, a varios metros de altura, mientras sostenía un libro entre las manos.

-¿Cómo has llegado ahí? –Preguntó Einar-. Podrías caerte.

-Trepando –Dijo Rithiam sonriendo-. Es que me apetecía leer un poco. Desde aquí veo muy bien, puedo ayudar a Ban.

-No vamos a dejarte a cargo de nuestra seguridad, pequeño mono –Le dijo Einar-.

-Vamos, deja al chico –Dijo Wulffrith desde donde estaba colocando su saco-. Puede ayudarnos.

-No tengo ningún problema con que se quede –Dijo Ban colocan do la mano en el hombro de Einar-. Ya sabes que puedo hacerme cargo de esto.

-Está bien –Dijo Einar resignado mientras se iba a dormir.

A la mañana siguiente, Ban había tenido la deferencia de aprovechar la noche para atrapar unas cuantas aves que dormían desprevenidas en sus nidos, y las estaba cocinando en la  hoguera, mientras Rithiam le iba trayendo leña.

-Buenos días –Dijo Rithiam alegremente mientras apilaba un poco más de leña al lado de la hoguera-.

-Bien –Empezó a decir Einar enérgicamente-. En cuanto hayamos desayunado empaquetaremos todo y nos dirigiremos hacia el río que vio Ban anoche. ¿Estás seguro de la dirección que debemos tomar?

-Si –Contestó mientras señalaba con el brazo-. Hacia allá, al este.

Partieron en la dirección que Ban les indicaba, andaban a marchas forzadas para llegar lo antes posible al río y a algún sitio seguro. El bosque que recorrían era muy denso, y era extraño hasta el extremo, estaba poblado por arboles de muchos ecosistemas diferentes que no deberían poder crecer juntos, había altos pinos, robles de troncos muy anchos y vegetación mas típica de zonas tropicales.

Veían muchas clases de seres vivos, pájaros, lagartos y pequeños roedores sobre todo, y anduvieron todo el tiempo con cuidado y atentos a con qué clase de seres se cruzaban. Tras varias horas, encontraron una pequeña zona en la que la vegetación era menos densa y decidieron parar unos minutos a descansar.

-Vale –Dijo Einar mientras se ponía en pie-. Descansad un poco más si queréis, yo voy a echar un vistazo más adelante, volveré en diez minutos.

-Ve con cuidado –Dijo Ban-.

-Claro –Respondió este-.

Se adentró en la maleza, y apenas dio media docena de pasos antes de desaparecer. El resto del grupo siguió descansando, y aprovecharon para hacer recuento una vez más de las provisiones y materiales de que disponían. Wulffrith aprovechó la parada para recoger algo de leña que se veía suficientemente seca como para hacer una hoguera cuando anocheciera.

Ban también aprovechó para ver si encontraba alguna clase de planta que reconociera, o algún animal que atrapar.

Y así pasaron el tiempo mientras esperaban a Einar, demasiado tiempo. Había dicho que tardaría tan solo diez minutos, pero llevaba bastante más tiempo fuera y sus compañeros empezaban a inquietarse.

Recogieron rápido sus cosas y dejaron una nota bajo una piedra en medio del claro, por si Einar volvía en su ausencia, indicando hacia donde habían ido. Siguieron la dirección por la que Einar se había ido, mientras Mizuka y Ban buscaban cualquier rastro de él, una huella de su bota, un rama rota o cortada podrían haberles dado una pita de por donde había ido.

Tras recorrer unos cientos metros siguiendo algunas huellas que había dejado, se encontraron a Einar tirado en el suelo boca abajo.

Ban corrió hacia él, mientras el resto del equipo le seguía, y enseguida se lanzó al suelo y le levantó, para descubrir su rostro terriblemente pálido, su respiración era débil y entrecortada, y las venas de su cuello y rostro se marcaban exageradamente. Por más que le zarandear o le llamara, no parecía recuperar la consciencia.

-No sé qué le ocurre –Dijo Ban preocupado-. ¿Puede estar enfermo?

-No lo creo –Dijo Vin tocándole la frente-. Está bastante caliente, yo diría más bien que parece un veneno –Le abrió la camisa y comenzó a examinar su cuerpo hasta que encontró un pequeño arañazo detrás de su brazo, sobre el tríceps, insignificante salvo por que estaba bastante hinchado y la zona tenía un ligero tono verdoso-. Creo que debió de infectarse por aquí, tal vez alguna planta venenosa de por aquí, o algo así, tened cuidado con lo que tocáis.

Le limpió un poco la cara con un paño que humedeció con su cantimplora y volvió a abrocharle la camisa, entonces se levantó de golpe, de pronto parecía realmente furiosa. Salió lanzada hacia Mizuka, y se plantó frente a ella, muy cerca y echando chispas por los ojos.

-¿Estas contenta? –Dijo mientras la amenazaba con un dedo-. ¡Todo esto es culpa tuya! ¡Todo es por que fuiste hacia el orbe como una imbécil! ¡Vas por ahí saltando y bailando como si todo fuera un juego, y no lo es! ¡Estamos perdidos, no sabemos cómo hemos llegado aquí y Einar podría morir!

-Deberías calmarte Vin –Dijo Wulffrith poniendo una mano sobre su hombro, la presión de la situación le había superado visiblemente-. No es culpa suya, podría haberle pasado a cualquiera.

Vin seguía alterada, y respiraba de forma pesada, y Wulffrith intentaba calmarla mientras Ban y Rithiam atendían a Einar.

-Lo siento, lo siento, lo siento… -Oyeron un débil hilo de voz, Mizuka se encontraba agachada en el suelo, abrazada a sus rodillas y con la cabeza sobre sus brazos, estaba llorando desconsolada-. No puedo evitarlo…No puedo controlarlas…Mis dagas…Ellas tomaron el control…

-¿Que quieres decir? –Dijo Wulffrith, dejando a Vin y acercándose a ella-.

-Las dagas, mis dagas, están malditas, son como demonios horribles, a veces toman el control de mí y me obligan a hacer daño a la gente, da igual quien, o se apoderan de mi mente si combato –Seguía llorando-. Me obligaron a hacerlo, no sé por qué, tenía miedo de heriros a vosotros, lo siento…Por eso tuve que huir de mi país…

Wulffrith estaba ahora intentando consolar a Mizuka, y Vin se sentía fatal por haberle dicho cosas tan hirientes.

Ban y Rithiam hicieron una pequeña camilla con ramas y cuerdas para que Wulffrith y el arquero pudieran cargar con su compañero por el bosque. Y así reanudaron la marcha, aún más silenciosos que antes si cabía. Antes el ambiente ya se encontraba enrarecido entre los compañeros por lo que les había ocurrido, y ahora tras la pelea de Vin y Mizuka, todavía más.

Estuvieron caminando el resto de la tarde, hasta que casi al anochecer llegaron a una cueva poco profunda que podría servirles para guarecerse, Ban había dicho que podía ser una osera, aunque no sabía ni si donde se encontraban habría osos.

Encendieron un fuego con el que calentar la cueva y hacer algo de comida, e hirvieron unos trozos de carne en una taza para hacer una sopa con la que dar de beber a Einar, que no recuperaba el conocimiento ni perdía el color pálido de su rostro.

Esa noche fue Mizuka la que se ofreció para hacer guardia y vigilar la entrada de la cueva hasta que Wulffrith le relevara.

A la mañana siguiente continuaron con su camino, siguieron atravesando bosque hacia el este con la esperanza de llegar al rio lo antes posible, y con la preocupación por su compañero que no parecía mejorar.

El día transcurrió sin problemas, y pudieron avanzar bastante, estaban ya a medio camino, y se permitieron parar a comer y descansar, sus provisiones estaban durando más de lo que esperaban, así que se sentía seguros en ese aspecto.

-¿Puedes venir un momento conmigo? –Le dijo Vin a Mizuka mientras estaban comiendo-. Quería hablar en privado.

Mizuka dejo el plato a un lado y se levantó para seguir a Vin, que se había separado unos cuantos pasos del resto del grupo.

-Quería pedirte disculpas –Dijo Vin-. Por lo que te dije ayer, estuvo mal, lo siento, no es culpa tuya que estemos aquí, es solo que no estoy acostumbrada a esto.

-No te preocupes –Dijo Mizuka-. No tienes por qué pedirlas, no pasa nada.

Parecía que Mizuka había aceptado las disculpas de Vin, pero algo seguía distinto en ella, en sus ojos no había visto rencor alguno hacia ella o enfado, pero si había algo frio en ellos que persistía. Vin y Mizuka volvieron con el resto y se pusieron a comer, con esta última sonriendo al fin, la primera vez desde que habían llegado allí.

Y así una nueva mañana, con los primeros rayos del sol, salieron de la cueva listos para continuar con su camino, con Ban y Wulffrith cargando con su compañero, que aun no había recuperado el conocimiento y se retorcía por una terrible fiebre.

Mizuka iba delante abriendo paso en la vegetación para que sus compañeros avanzaran, mientras Vin cuidaba de Einar y Rithiam estaba al final del todo, con Wulffrith pendiente de él siempre.

Paraban de vez en cuando para que Ban subiera a algún árbol y confirmara que no se estaban desviando de su ruta, y para descansar un poco. Llevaban tres días caminando por bosque salvaje y empezaba a hacer mella en sus fuerzas, en las de algunos al menos.

De este modo pasaron el día, Ban pudo volver a cazar algo para la cena, y tan pronto como vieron que iba a empezar a oscurecer, empezaron a buscar un sitio para dormir. A punto estuvieron de detenerse en medio del camino que iban abriendo y extender ahí sus sacos, encender un fuego, y prepararse para pasar ahí la noche. De no ser, porque de pronto, entre la vegetación apareció un claro bastante amplio, con algo que no habían esperado ver nunca por ahí: una casa. Se trataba de una pequeña construcción de piedra con el techo de troncos y ramas, muy simple, con una puerta destartalada y apenas un par de ventanas diminutas. Parecía viejo, algunas piedras parecían desencajadas y la madera aparentaba estar podrida en varios sitios, pero seguía siendo mejor que dormir al raso.

-¿Deberíamos ir ahí? -Preguntó Mizuka, ya que era la que estaba delante-.

-Entraremos con cuidado, no sabemos si esta vacía o lo que podría haber –Contestó Wulffrith-.

-No parece que haya habido nadie allí en mucho tiempo –Dijo Ban-.

Se acercaron lentamente, dejaron a Einar al cuidado de Ban y Vin, mientras que Wulffrith y Mizuka se aproximaban a la puerta. Est5aba descolgada, y no cerraba bien, así que en cuando que la empujaron un poco, cedió y se abrió sin problemas.

La cabaña ofrecía por dentro un aspecto bastante normal, como habría podido ser la cabaña de cualquier pastor que viviera en el monte, el suelo de tierra, un hogar en el centro para encender un fuego, y algo que estaba bastante fuera de lugar, dos esqueletos.

Había los restos de dos personas ahí, muy antiguos, ya que solo quedaban los huesos de estos, y los pocos restos de ropa y armaduras que el tiempo había respetado, con el cuero totalmente deshecho y el metal corroído hasta lo irreconocible.

-¿Eso son esqueletos? –Preguntó Rithiam entusiasmado asomándose por la puerta-.

-Sal de aquí pequeño –Dijo Mizuka empujándole suavemente-.

Lo único que aún conservaba un aspecto relativamente decente, era una espada, uno de los esqueletos tenía en el pecho, entre las costillas, clavada una espada de características similares a la de Wulffrith, de factura oriental, una katana.

Alargó la mano para cogerla, y sopesó y comparó con la suya, el mismo había sido herrero en otro tiempo. Era un buen arma, aunque el filo estaba mellado, la hoja algo oxidada y no conocía el material del que estaba hecho el mano, aunque parecía alguna clase de madera muy resistente. Desde luego habría sido una muy buena espada en su tiempo, aunque había algo, la sentía vacía, sentía como si esa espada estuviera pidiendo algo. Era una idea descabellada, pero se le ocurrió que podía usar su propia energía espiritual, imbuir la espada con su ki. No todo el mundo podía dominar el ki, pero cuando lo hacía, algo como exteriorizarlo en tu cuerpo, crear un aura a tu alrededor con él, o pasarlo a un objeto era algo relativamente fácil.

Así que sujeto la katana con ambas manos, e hizo que su ki fluyera de su cuerpo a la espada a través de ellas. Pudo sentir como la empuñadura y la guarda se calentaban, y él no lo estaba provocando, y tras unos segundos sosteniéndola, Toda la hoja comenzó a arder, las llamas surgieron desde el mango y recorrieron toda la espada hasta alcanzar la punta, haciendo que la hoja adquiriera un color levemente rojizo, como el metal candente. Al mismo tiempo, según el fuego avanzaba por la hoja, esta iba perdiendo el óxido, y el filo recobraba un aspecto letal y extremadamente cortante.

Fascinado, Wulffrith siguió sosteniendo el arma, dejo de transferir su ki, y trazo unos cuantos arcos en el aire con la hoja, era ligera, y a su paso, dejaba el aire una estela de llamas que danzaban unos instantes hasta apagase.

Tras unos segundos, la espada pareció agotarse de nuevo, el fuego desapareció y el filo volvió a adoptar aquel aspecto gastado y oxidado, pero ahora ya conocía su secreto.

Salió de la cabaña, donde Mizuka intentaba retener a Rithiam, y el resto de sus compañeros le esperaban.

-Podéis pasar -dijo-. Es seguro.

Acercaron a Einar a la puerta, y Ban pasó para examinar la cabaña por el mismo.

-¿De dónde has sacado ese arma? –Pregunto Vin mirando la nueva katana Wulffrith tenía en una mano, había enfundado la otra-.

-Estaba ahí dentro junto con los restos de dos personas –Dijo-. Creo que me la voy a quedar, solo necesito hacerle una funda.

-¿Me dejas cogerla? Puedo ver algo mágico en ella.

-Claro –Dijo extendiendo el brazo con cuidado-.

Vin la sostuvo unos segundos, hasta que alzo la mirada y dijo:

-Puede crear fuego, parece un arma mágica, capaz de envolverse en llamas, o eso me parece, no soy capaz de saber si puede hacer algo más.

-Sí, lo de las llamas ya lo he comprobado, creo que puede sernos muy útil aquí.

-En el futuro deberías acudir a mí si encuentras algún objeto mágico o sospechoso, no sabes que efectos podría tener usarlo, hay que ser precavidos.

-Claro, pero ahora deberíamos preocuparnos de pasar la noche.

Wulffrith se dio la vuelta y entro en la cabaña, Ban había sacado los restos de los anteriores inquilinos y estaba encendiendo un fuego.

Comieron, y decidieron que Mizuka haría la primera guardia esa noche, y Rithiam insistió en acompañarla.

-¿Te gusta mucho trasnochar, no? –Dijo Mizuka divertida-. Eres muy pequ8eño, deberías dormir para crecer grande y fuerte.

-No me hace falta, ya soy fuerte –Dijo arqueando los brazos-. Y mi madre dice que también soy muy grande, algún día seré tan grande como mi papa, así que no me hace falta dormir.

Tras cenar, Mizuka se subió al desvencijado techo de la cabaña para poder ver mejor, mientras que Rithiam se dedicaba a buscar ramitas para alimentar la hoguera e intentaba atrapar los insectos que por allí hubiera.

La noche transcurría tranquila, la luna brillaba lo suficiente como para poder ver los alrededores, y la temperatura era agradable.

Entonces Mizuka escuchó un chasquido, algo en la espesura del bosque que tenían delante se había movido y había hecho ruido, no había alcanzado a ver que era, pero estaba casi segura de que solo había uno. Rithiam estaba rondando por los alrededores, así que Mizuka bajo del techo de un salto, aterrizando sobre algo de hojarasca sin hacer el más mínimo ruido y se acercó al niño.

-Rithiam, ve dentro de la cabaña –Dijo ella con expresión seria-.

-¿Pasa algo? –Contestó él extrañado-.

-Creo que hay algo aquí fuera cono nosotros, deberías ir dentro y esperar por si pasar cualquier cosa

-¿No puedo quedarme? ¡Puedo ayudarte! –Dijo el niño como si se trataras de un juego-.

-No, ve dentro.

-Jo –Se quejó el niño mientras entraba cabizbajo a la cabaña, aunque se quedó asomado a una ventana, con su cabeza sobresaliendo para poder ver mejor lo que pasara.

Mizuka se internó en el bosque, y tan pronto como avanzo un par de pasos en la espesura, Rithiam la perdió de vista.

Sus ojos bailaban por todo el paisaje, no quería perderse lo que fuera a salir del bosque, o lo que fuera a hacer Mizuka, y miraba detenidamente cada rincón y cada árbol esperando encontrar algo emocionante.

Entonces, de entre los árboles, vio claramente cómo se asomaba algo que parecía estar intentando olfatear el aire, hacia movimientos como si hiciera eso, aunque no le quedaba claro que esa cosa tuviera nariz.

Tenía el tamaño de un ser humano, pero era alguna clase de insecto, todo su cuerpo estaba cubierto de placas quitinosas que a la luz de la luna parecían verdes. Tenía unas tenazas en la parte inferior de la mandíbula, que se juntaban con la parte superior, lo que le daba al morro el aspecto del de un cocodrilo, con la mandíbula inferior partida. La “cabeza” estaba cubiertas de una especie de pelo, y de ella salían un par de antenas, y tenía varios pares de ojo que Rithiam no era capaz de contar. Tenía una coraza claramente más dura cubriéndole la espalda, como un escarabajo, y caminaba sobre dos patas. Sus extremidades superiores, eran como dos brazos más largos que los de cualquier persona, acabadas en dos cuchillas largas y curvas como guadañas, y de aspecto mortífero.

Rithiam no sabía que era aquella criatura, pero alzó la voz  de inmediato y empezó a correr por la casa para pedir ayuda.

-¡Nos atacan! –Comenzó a gritar, a la vez que zarandeaba a Vin para despertarla, aunque gritaba más como un niño emocionado el día de su cumpleaños que como uno asustado-.

Vin se levantó sobresaltada, asustada por el grito de Rithiam, y su primer impulso, al despertarse en medio de la luz tenue de la hoguera, fue crear luz para ver que estaba ocurriendo.

-¡Aaaaah! –Gritó a la vez que de entre sus manos surgía una luz que ilumino toda la sala y bastantes metros alrededor de la pequeña cabaña-.

Rithiam vio como la criatura había dejado de husmear en el aire y se dirigía claramente hacia ellos. Todos se estaban ya poniendo en pie y cogiendo sus armas. Wulffrith y Ban salieron afuera, y vieron a la bestia que se les acercaba, tras ellos iba Vin, que tras verla pudo la reconoció, lo que hizo que un escalofrío recorriera todo su cuerpo.

-¡Es una blatoddea! –Exclamó asustada-. Son devoradores de magos, si sienten poder mágico en alguien, no dudan en atacarles y comerles. ¡Cuidado con sus garras, son muy peligrosas!

Wulffrith cargó directo contra la criatura, con la rodela por delante para bloquear las cuchillas mientras Ban le disparaba algunas flechas. Era la oportunidad perfecta de probar su nueva arma, había salido con ella ya en la mano, y en cuanto paro el ataque del insecto, hizo que la espada se prendiera fuego y la clavó en un costado descubierto.

La blatoddea soltó un chillido agudo y borboteante, y comenzó un intercambio de golpes entre ella y Wulffrith. La criatura pugnaba por llegar hasta Vin, y empujaba o intentaba apartar a Wulffrith para lograrlo, pero el guerrero no le dejaba, manteniendo el filo ardiente de su arma en constante movimiento para atacar. En un momento dado, se llevó un corte en el muslo, aquella bestia había lanzado un ataque furiosa y no había podido frenarlo del todo, pero era una herida superficial y no le impediría seguir peleando. Además, Ban le cubría con sus flechas y Vin lanzó un par de rayos de luz muy oportunos.

La pelea empezaba a alargarse, aquel insecto era duro de pelar, y a Wulffrith le costaba acabar con ella, cuando se preparaba para asestar un golpe con todas sus fuerzas a la cabeza, de pronto se enemigo se quedó congelado, parado en el sitio totalmente, y entonces, como si estuviera compuesto de dos mitades, divididas por una diagonal central, la mitad superior comenzó a resbalar sobre la inferior hasta caer al suelo. La mitad inferior, con poco más que las paras, también cayó, quedando la blatoddea reducida a dos medios insectos que se retorcían en una agonía que iba a durar varios minutos.

Detrás de la criatura apareció Mizuka, con una de sus dagas en la mano, y cubierta de una especie de líquido viscoso verde que debía ser parte de las tripas y la sangre que habían salpicado su cara y vestido al acabar con la criatura.

-Puaj, sabe a pis de insecto –Dijo ella escupiendo-.

Se marcharon todos a descansar, una vez la amenaza había sido eliminada, salvo Wulffrith, que se pasó el resto de la noche despiezando a la blatoddea, para obtener las placas que formaban el exoesqueleto del monstruo. Con un poco de esfuerzo, a la mañana siguiente había logrado unir y dar forma a las placas gracias a las herramientas que llevaba en su mochila para hacer una funda para la katana que había obtenido ese mismo día, no podía llevarla por ahí sin más. No era una obre de arte, pero cumpliría su función, y quien sabe, tal vez tuviera la oportunidad de pulir los detalles de la vaina.

Tras desayunar algo de sus menguadas provisiones, y asegurarse de cómo estaba Einar, que seguía sin mejorar, reanudaron su marcha, sabiendo que si seguían hacia el este, en un día o dos más llegarían al rio, aunque eso no era un gran paso, ya que tras llegar ahí tendrían que ver que hacer.

Entonces, algo les hizo detenerse, el suelo había temblado, les había dado la sensación de sentir un pequeño terremoto bajo sus pies, solo durante un segundo, todos se miraron extrañados entre ellos, y a sus  pies, cuando tras unos segundos, un segundo temblor, igual que el anterior, sacudió la tierra de nuevo. El origen no debía estar muy lejos, y se quedaron totalmente impactados al ver lo que era claramente el mástil de un barco, con una vela izada, sobresaliendo de entre las copas de los árboles.

-¿Qué es eso? –Preguntó Vin preocupada-.

-No parece un temblor normal –Dijo Wulffrith-. ¿Y que hace un barco en medio del bosque?

-No –Respondió Ban-. Es más como si algo enorme caminara, y parece que viene de aquella dirección –Dijo señalando hacia el sureste, donde estaba el supuesto barco-.

-Debería ir a comprobar que es –Dijo Mizuka-. Yo soy la que tiene más posibilidades de acercarse a lo que sea eso sin que me detecten.

-Está bien –Dijo Wulffrith, aunque tenía dudas-. Pero ten cuidado.

-Claro –Dijo ella sonriendo, e inmediatamente se dio media vuelta, y salió corriendo al interior del bosque, sin que sus pasos pudieran oírse siquiera-.

-Yo también voy –Exclamó Rithiam, y antes de que nadie pudiera hacer nada por evitarlo, salió corriendo tras Mizuka-.

Sin embargo, todos pudieron ver algo extraño en la forma de correr del chico. Se movía absurdamente rápido para ser un niño tan pequeño, casi tan rápido como corría Mizuka cuando se había ido, y había otra cosa, había algo en el movimiento que no supieron identificar, pero se veía extraño, no era fluido, era como si fuera a trompicones, en lugar de recorrer una trayectoria  en línea recta, en el que se pueden ver claramente como una pierna avanza tras otra, de un instante a otro, un pie estaba varios palmos por delante en su recorrido de lo que debería estar, como si fuera dejando una imagen residual que el ojo humano no entendía, no sabían que estaban viendo, pero no era normal.

Mizuka pudo ver como el niño había salido corriendo detrás de ella, y no solo eso, si no que podía seguirle el ritmo, corriendo por el bosque no podía ir tan rápido como por un terreno llano, pero aun así era impresionante, aun así no quiso hacer ningún comentario para no afectar al sigilo con el que se estaba moviendo, ya que Rithiam también estaba corriendo de forma muy silenciosa.

Tras unos minutos de carrera, llegaron a un terreno en el que el suelo era más rocos, y los arboles crecían mucho más separados entre ellos, y ocultos tras el tronco de uno, pudieron ver lo que hacia ese ruido.

El animal, por monstruoso que fuera, solo podía describirse como una tortuga, de tremendas dimensiones, pero una tortuga de alguna forma. Caminaba sobre cuatro patas, y tenía una apariencia similar a las tortugas de tierra, y la base de estas tenía un tamaño tal, que podría haber aplastado una carreta de un pisotón, debía medir como cincuenta metros desde la cabeza hasta el final del caparazón.  Al final de cada pata, que eran muy musculosas y estaban adornadas con telas de colores, había cuatro garras que se hincaban en la tierra según avanzaba. En la boca, salía un pico de aspecto amenazador, de color verde, como el resto de la cabeza, y con el borde serrado, como si tuviera dientes.

El caparazón tenían un tono más marrón, y las escamas que lo componían eran de casi dos metros. Este solo se veía por la parte de abajo, ya que por la parte de arriba se veía como habían construido una especie de tarima de madera, con una baranda de madera, como la de un barco o una terraza, adornada también con telas. No se apreciaba bien por la altura que alcanzaba la tortuga, pero en la parte de arriba del caparazón, construida por encima de la plataforma de madera, había construido un habitáculo similar al camarote de un barco, y delante de él, un gran mástil asegurado con cuerdas a las esquinas de la plataforma, con una vela colgando.

Rithiam inmediatamente se acercó a una de las patas, que acababa de estrellarse a pocos metros de ellos contra el suelo, claramente iba a intentar trepar por ella, y Mizuka había estado lo suficiente con el chico como para saberlo.

-Quieto ahí Rithiam –Dijo ella sujetándole por el hombro, y durante un momento, pudo sentir que el brazo derecho del chico tenía una forma algo extraña-. Tenemos que ir a avisar al resto.

-Pero…Podría escaparse mientras vamos a por ellos, ¿Y si se nos escapa? ¿Puedo quedarme vigilando? ¿Por favor? –Suplicó-.

Mizuka dudó durante unos segundos, pero sabía que Rithiam en parte tenía razón, y no estaba segura de que el chico pudiera encontrar el camino de vuelta, aunque si había sido capaz de seguirla siendo tan sigiloso como ella, seguro que sería capaz de cuidarse por si mismo el tiempo que tardara en volver y traer al resto.

-Vale, pero tienes que prometerme que si se aleja mucho, no la seguirás, ¿Vale?, no te alejaras demasiado de aquí.

-Sí, sí, sí, vale, vale –Dijo Rithiam entusiasmado-. Te lo prometo.

Mizuka se dio media vuelta y se internó por el bosque, volviendo sobre sus pasos, dejando atrás a Rithiam con aquella extraña criatura.

Imagen del encabezado: Ban Pelt por el gran @DraveCroft

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