1. Comienzos y embarque – Anima Beyond Fantasy –

El foco de nuestra historia se centra en Gaïa, más concretamente en una isla, ni demasiado grande, ni demasiado pequeña del Mar Interior. Una isla que la mayoría del Continente considera atrasada, y poblada por bárbaros sin otro oficio que pelear entre ellos, o cobrar por guerrear por el mundo en nombre de otros, el nombre de esta isla es Vasago.

Y es allí donde el Tol Rauko había decidido convocar a los voluntarios de su próxima expedición. Tol Rauko era una organización muy antigua de templarios, antaño ligada a la inquisición, pero que se separó de esta debido a sus diferentes objetivos. Mientras que los inquisidores y la iglesia querían contar todo indicio de magia, poder y criatura sobrenatural de raíz, borrarlo de la faz de su mundo, sin importar su naturaleza u objetivo, los Templarios  anhelaban preservarlo. Llevaban siglos recuperando conocimientos antiguos, reliquias de diverso poder mágico para ponerlas a buen recaudo, fuera del alcance de manos que podrían utilizarlos para motivos poco nobles, o incluso malignos.

Debido a la geografía de Vasago, y a sus costas rocosas llenas de escarpados acantilados, apenas había puertos, y es en uno de estos pocos puertos, cerca de una de las pequeñas fortificaciones que Tol Rauko tenía diseminadas por todo el mapa, construida próxima a una pequeña aldea de lugareños con los que había establecido una buena relación, donde se encontraba el barco que iba a llevar a los integrantes de la expedición hasta su destino, una pequeña isla al suroeste que apenas había sido pisada por el ser humano.

La mañana era soleada, y el viento que llevaba el olor del agua salada por todo el puerto, agitaba suavemente las velas del único barco que había en ese momento atracado en el puerto, un bergantín de la que no paraban de entrar y salir marineros, cargando y descargando mercancía, y preparando la nave para el viaje que le esperaba. Tanto en la vela mayor como en la bandera que ondeaba en el mástil, se podía ver como lucia orgullosa la cruz de los templarios de Tol Rauko.

Pese a que la isla no era un punto de comercio importante, el puerto bullía con el ajetreo de la gente que por allí de dedicaba a pasear, a hablar con los comerciantes y los encargados de los puestos de la zona, o los propios marineros que descansaban mientras jugaban a las cartas o contaban historias, en su mayoría inventadas, de sus viajes.

Pero por encima de todo el gentío, destacaba un grupo de personas, más bien una persona, con sus acompañantes. Un hombre, de unos cuarenta años, con el pelo corto, que vestía una armadura blanca y gris, engalanada con detalles en dorado y que estaba decorada con la cruz roja templaria en el pecho, adornada también con una capa blanca a la espalda se acercaba con paso ligero y firme, mientras hablaba con los dos hombres que le acompañaban. No daba la impresión de que aquel hombre necesitara escolta, cualquiera que hubiera podido fijarse en el con la suficiente atención habría visto que tenía los ojos de un hombre que había participado en muchas batallas, y por las escasas cicatrices que lucía a la vista, debía haberlas ganado casi todas.

El hombre andaba con paso firme, dirigiéndose al bergantín que, igual que este portaba la cruz templaria, mientras daba órdenes a sus dos acompañantes para que aceleraran los preparativos de zarpar lo antes posible.

Andaba estudiando la zona, controlando que los marineros y estibadores hicieran su trabajo con celeridad, cuando una joven se le acercó. A simple vista no había nada que destacar de ella, parecía una chica que no llegaría a la veintena, que vestía una túnica bastante sencilla, cuyos colores iban del blanco al azul claro, llevaba una capucha cubriéndole la cabeza, lo que apenas dejaba ver su cara, aunque si dejaba intuir unos mechones de cabello rubio, casi blanco, que le caían por los lados.

-Disculpe, ¿Es usted el Capitán Longoaken? -Dijo la chica dirigiéndose a el-. Soy una de las voluntarias que formarán parte de su expedición.

-Así es, soy yo, si vas a formar parte de mi misión espera cerca de la pasarela a que aparezcan el resto de tus compañeros –Dijo de forma autoritaria-. Cuando estéis todos os daré las instrucciones pertinentes, no pienso estar repitiendo lo mismo cada vez que aparezca uno.

Durante buena parte de la mañana, mientras se terminaba de preparar la embarcación, fueron acercándose el resto de integrantes del grupo al muelle, algunos se quedaron esperando cerca del punto de embarque, mientras que otros decidieron subir directamente al barco. El capitán había sido informado de cuantas personas le habían sido asignadas, adjuntada de una breve descripción para poder reconocerlos. Había viajado por buena parte del mundo, y había conocido innumerables personas a lo largo de los años, de aspectos y habilidades de lo más dispares e inverosímiles. Hacía mucho tiempo que había aprendido a no fiarse del aspecto y de la primera impresión que pudiera ofrecer una persona. Aun con todo eso, no podía evitar preguntarse qué había llevado a sus superiores a enviarle a aquel grupo de personas a su misión, eran todos candidatos a entrar en la orden, quedaba a su discreción decidir, basándose en sus actos y habilidades, quien sería propuesto para entrar a formar parte del Tol Rauko, previa aceptación del comité de evaluación. Y si de él dependía, a pesar de su experiencia de no basarse en las primeras impresiones, ninguno de ellos iba a ser propuesto por el.

Además de la joven que se le había presentado ante el cuándo había llegado, que parecía verse inmersa en alguna clase de oración silenciosa, ya había reconocido a los otros cuatro integrantes del grupo que iba a partir con el dentro de pocas horas. Había un hombre algo menudo, no destacaba por su altura, pero que sin embargo se intuía que estaba en forma, y desde  luego no tenía la edad que indicaba su pelo, prácticamente blanco, puesto que lucía como un hombre que no llegaba a los cuarenta años, con un rostro atractivo que seguramente le había proporcionado una gran cantidad de conquistas amorosas a lo largo de su vida, ese debía ser Einar Egil.

A su lado se encontraba otro hombre, tenía que ser Wulffrith Goldsheep, quien como decía en los papeles que había recibido, tenía buena parte del rostro surcado con cicatrices de lo que debieron ser unas quemaduras bastante graves. Tenía el semblante serio y paciente de quien esperaba al hombre al mando para recibir sus instrucciones. Era un hombre alto y fuerte, que vestía ropas sencillas y prácticas, que llevaba colgado del lateral una espada larga de inspiración oriental, y una rodela a la espalda. Era el que más simpatía le despertaba, pero el que se hubiera negado a explicar el origen de las quemaduras, tal y como especificaba el informe, no le gustaba, no quería secretos entre las personas a su cargo.

Sentada sobre el pasamanos del barco, y balanceando las piernas por fuera de este, sobre el mar, se encontraba la segunda mujer que formaba parte del grupo, tenía las facciones orientales características de  los habitantes del borde este del continente y las islas del Mar Oriental. Llevaba puesto un vestido negro y blanco, con una falda cuyo vuelo era extremadamente ancho, no parecía una ropa practica para la misión que tenían que llevar a cabo, al igual que no lo eran las dos coletas que llevaba la mujer, que prácticamente alcanzaban la parte baja del vestido. Parecía mucho más joven de lo que era en realidad, veintidós años según podía recordar haber leído el capitán Longoaken. Mizuka Bloodfallen era su nombre.

El último se encontraba también en el barco, hablando con el capitán de este, y por lo poco que pudo entreoír Longoaken, parecía estar solicitando el puesto del vigía. Se trataba de Ban Pelt, un hombre de gran estatura y complexión fuerte, que vestía la piel de un lobo enorme a modo de abrigo, quedando la cabeza del lobo a modo de casco, con la mandíbula superior prácticamente intacta haciendo de visera. Según su descripción, era el lobo del cual había tomado esa piel el que le había atacado, desfigurándole horriblemente la cara.

Longoaken alzo la voz, y a su orden sus dos oficiales y las cinco personas que tenía a su mando para esta misión se acercaron y formaron frente a él.

-Bien, ahora que ya estamos todos –Comenzó a decir-. Soy el Capitán Longoaken y voy a explicaros en qué consistirá nuestra misión. Según tengo entendido, solo se os ha informado de que iremos a explorar unas ruinas, y a grandes rasgos así es. En una isla cerca de aquí, no hace mucho se descubrió lo que parecía los escombros de la entrada a algún tipo de construcción subterránea. Nosotros iremos allí, nos internaremos en ellas para explorarlas, encontraremos todo lo que pueda ser potencialmente peligroso, y sellaremos la entrada a nuestra salida. La isla está a menos de una semana en barco, pero al no haberse adentrado nunca nadie por la entrada de dichas ruinas, no sé cuánto tiempo nos llevara explorarlas. Dicho esto- Continuó explicando-. Si alguien tiene alguna pregunta o algo que decir, ahora es el momento.

-Disculpe, ¿Se sabe que podemos encontrar en esas ruinas?- Dijo tímidamente la chica de la túnica azul, su nombre era Vin Venture-.

-No –Respondió el capitán- como ya he dicho nadie ha entrado aun.

Durante un segundo todos parecieron mirarse, esperando a ver si alguien rompería el silencio, pero al ver no era así, el templario les ordeno que se instalaran en sus camarotes mientras el terminaba con los últimos preparativos de la marcha.

Las dos mujeres se instalaron en el mismo camarote, Einar y Ban, que daban muestras de haber coincidido en el pasado eligieron otro, y Wulffrith prefirió estar a solas,  cogiendo el camarote más pequeño para el solo.

La primera noche fue algo movida, Einar sufría de una terrible claustrofobia, y mantuvo en vela a medio barco con sus gritos cuando se despertó en medio de la noche a causa de un ataque de pánico, tuvo que ser reducido entre Ban Pelt y Wulffrith para que se calmara.

Durante los primeros días, parecía que los cinco integrantes del equipo apenas mostraban interés los unos por los otros, solo Einar y Ban hablaban de vez en cuando o pasaban algo de tiempo juntos. Mizuka pasaba la mayor parte del tiempo correteando por el barco, o sentada en alguna barandilla tomando el sol. Vin parecía más preocupada por sus oraciones y pasar las horas enfrascada en sus lecturas que por otra cosa, y Wulffrith mantenía las distancias con todos, puesto que parecía que aún no confiaba en nadie.

Ban demostraba una fascinación que rozaba en lo enfermizo por la caza, prueba de ello era que había tomado la costumbre de pasarse buena parte del día asomado al borde del barco, lanzado flechas atadas con una cuerda para atrapar peces. Costumbre que, por otra parte, el cocinero del barco le agradecía bastante. El colmo de esta fascinación llego cuando entre Einar y Ban intentaron atrapar un tiburón que vieron curioseando cerca del barco. Por poco estuvo a punto de arrastrarlos a ambos fuera del barco. Por suerte, en el último momento, sintieron que el peso del tiburón se aligeraba y pudieron subirlo abordo, Todo ello mientras que nadie se percataba de las gesticulaciones de Vin. Este hecho pareció entretener especialmente a Mizuka, que tras divertirse viendo como atrapaban y subían a bordo al tiburón, se acercó, y tras lamerse un dedo con una gota de sangre de este, les elogio por su trabajo.

Fue al tercer día, cuando la relativa normalidad del barco se vio perturbada. Wulffrith estaba dando un paseo por cubierta cuando escucho revuelo cerca de la zona de la cocina, podía oír a Einar y a Ban levantando la voz, y se acercó a ver que estaba ocurriendo.

Cuando llego, podo ver como Einar tenía cogido a un chiquillo por el cuello de la camiseta, y parecía estar interrogándolo:

-¿Qué hacías escondido en el tonel de las manzanas? –Le increpo al chico- llevamos tres días navegando y es la primera vez que te veo ¿Cómo has llegado aquí?

-Me caí dentro sin querer señor –Contesto el chico algo asustado-. Estaba en el puerto, y alguien cerro el tonel conmigo dentro.

-Vaya, pobre chico –Dijo Ban ingenuamente mientras hacía que Einar dejara al chico sentado sobre el tonel-. Has tenido que pasarlo muy mal ahí dentro.

Wulffrith llego con sus compañeros, mientras veía que el capitán del barco, atraído también por el alboroto, hacía llamar al capitán Longoaken.

-¿Se puede saber que le estáis haciendo a ese niño? –Dijo Wulffrith, refiriéndose más a Einar que a Ban, y añadió con sorna-. ¿Acaso sospechas algo de él, o temes que vaya a hacerte daño?

-No, –Se excusó Einar- pero es un polizón, se ha colado en el barco escondido en el barril, y de donde yo vengo a eso se le considera un delito.

-Si es un delito, eso deberá considerarlo el capitán del barco, no tu –Le defendió Wulffrith- para mí no es más que un chiquillo que está aquí por accidente.

Todos pudieron escuchar las grebas metálicas de Longoaken al acercarse ellos con paso enérgico- ¿Qué narices está ocurriendo aquí? –les espetó a los tres.

Acto seguido miro al objeto de la discusión, y su mirada paso del enfado a la incredulidad.

-Rithiam –dijo mirando al niño, que tenía unos diez años-. ¿Sabe acaso tu madre que estas aquí?

-No –dijo el chico mientras todos parecían sorprendidos de que se conocieran-. No sabe nada.

-Cuando volvamos, me veré obligado a tener unas palabras con ella –le dijo- sé que tu padre se fue hace mucho, pero no es excusa para que andes incordiando por mi barco. Nada me impide encerrarte en un calabozo hasta que volvamos.

-Yo me hare cargo de el –dijo Wulffrith rápidamente- yo cuidare del niño y responderé por el en caso de que haga algo.

-Está bien Wulffrith, pero espero no tener que escuchar ninguna queja de él –le amenazo- o el que se pasara encerrado el resto del viaje serás tú. Le tengo cierto cariño a este chico, pero a veces es como un dolor de muelas.

Wulffrith miro durante un segundo al chico, estaba sentado en el tonel, mirando a todo el mundo, con una mirada algo asustada en sus ojos claros, prácticamente grises. Tenía el pelo muy oscuro, y su piel tostada era casi del mismo color que sus ropas, sencillas, y del estilo de las gentes de la isla en la que había embarcado, llevaba una especie de chaqueta, algo grande para él, que se veía extraña por que llevaba una de las mangas a la altura del codo, y la otra le cubría prácticamente la mano, en la que también llevaba un guante, seguramente hubiera perdido el otro, pensó. No podía creerse que ese chico con mirada inocente y asustada, pudiera causar el más mínimo problema a nadie, así que bajo al chico del tonel y le indico que le siguiera.

Resuelto el incidente, el Capitán perdió todo el interés y se retiró de nuevo a su camarote. Y Wulffrith se llevó a Rithiam de la mano al suyo, no sin antes hacer que Einar se apartara de su camino con una mirada desafiante. En realidad Einar tuvo que apartarse un poco más, ya que el chico parecía tener las piernas dormidas después de tanto tiempo en el tonel encerrado, y estuvo a punto de tropezar con él.

Tanto Ban como Einar se marcharon por su camino, mientras Rithiam seguía a Wulffrith, jugando en la mano con la moneda de oro que acababa de conseguir.

 

Imagen del encabezado: Rithiam Ildi Tibor, agradecimientos al artista @DraveCroft

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