Música y Videojuegos, o cómo aprender a llorar de forma profesional

A todos nos ha pasado alguna vez. Hay juegos que, amablemente, te preguntan: “¿Qué dificultad quieres elegir?”. Y tú, confiado, respondes: “La más difícil, venga”. Le das a “Comenzar partida”, te matan a los cinco segundos y añades un mando más a tu montaña de mandos rotos entre partidos de FIFA, muertes en Call of Duty y un sinfín de historias videojueguiles.

Pero esto… Esto es la vida real. En la vida real no tienes segundas oportunidadesy, si bien es cierto que nuestras decisiones nos pueden llenar de alegría, siempre habrá algún momento en el que queramos tirarlo todo por la borda. Y aquí comienza la entrada de hoy. ¿No sabéis de qué va a tratar? Casi que yo tampoco 😀

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Lo mejor es echarse una siesta y que se encargue otro de escribir este artículo.

Ahora en serio, sí que lo sé. Seguro que muchos de vosotros tocáis la guitarra o conocéis a alguien que la toca. Magnífico instrumento con un sonido cautivador y una capacidad de romper uñas como pocas veces he visto. Como todos los instrumentos, tiene su intríngulis, pero hay una cosa que casi cualquiera puede hacer con una pequeña referencia sonora: afinar.

Sacas la guitarra de la funda, te pones manos a la obra y puedes darle 200 vueltas a cada clavija hasta que suene como debe porque no va a pasar nada raro. De verdad, probadlo. ¿Cuántos kilómetros mide una cuerda de guitarra? Se me hace demasiado fácil ponerla a punto y eso que no sé ni lo que es una tablatura, Hulio.Has decidido crearte un tanque en World of Warcraft: tiene su miga pero es duro, resistente y te perdona los errores. ¡Sabia decisión! Comienza tu partida y disfruta del sonido de las cuerdas. ¡LEEEEEROYYYYYY JENKINS!

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Y recuerda: si a tu guitarra le pasa algo, la culpa es del de al lado.

A lo mejor no os gusta la guitarra; es muy mainstream o tiene un rollito que no termina de atraeros. Entonces decidís cambiar de clase y os pasáis al oboe. El mismo que los niños repolludos dejaban de lado en el Conservatorio, y a lo mejor es que tenían sus razones. Cuidado con la boquilla, que todo esté en orden, que nadie te mire raro en la orquesta… Tarea difícil la de poner a punto tal instrumento. Has elegido algo así como el Ranger de Metro 2033 o el Survival de Fallout 4. Por lo menos, esta vez tendrás algo más de recompensa, porque el oboe es el que parte el bacalao ¡y desde el cual se afinan todos los instrumentos de la orquesta!

Si esto no te parece suficiente y quieres empezar a ver el picante de la vida, coge un violín como ha hecho el autor y siente la tensión de las cuerdas en tus carnes. No sólo porque hacen daño, que lo hacen, sino porque tienen una sensibilidad mayor que los ratones de cualquier equipo profesional de CS:GO. Un pequeño giro de más y estás fuera. Afinas una cuerda perfectamente y el hecho de afinar la siguiente te fastidia el trabajo de antes. Miras fijamente a la primera cuerda mientras agoniza comiéndose el puente y, cuando te quieres dar cuenta, tienes una herida digna de un veterano de guerra. El dolor físico se traslada a la cartera cuando, para rematar, te das cuenta de que los juegos de cuerdas no son precisamente asequibles. Y a lo mejor te dan ganas de tirar el instrumento como aquella vez en la que tiraste el mando porque pensaste que poner enemigos invisibles en Resident Evil sería divertido. O como aquella vez en la que te quedaste a esto (inserte pellizco con los dedos) de acabar Dark Souls sin morir y tus peores temores se cumplieron.

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La historia oculta de Final Fantasy XII es que Basch hacía solos de violín hasta que, bueno…

Cansado de todo esto, te haces una cuenta en Hello Kitty Online porque quieres desconectar de todo y ser feliz sin que te importe un carajo lo que piensen de ti, y te metes a tocar el triángulo como hacías entre risas en el instituto. “Esto al menos no se afina”, pensarás… No te falta razón, pero llegarás al ensayo tarde, habiendo conducido más que nadie, esperarás 450 compases y acabarás tocando tu nota mal, tarde y demasiado fuerte mientras el director te ignora y repite todas las partes menos esa en la que sales tú de fondo intentando brillar. Y te dices a ti mismo: “¿Es que no hay nada razonable en este mundo? ¡Esto es de locos!”.

Ah, amigo… bienvenido al mundo de la música, donde puedes elegir entre lo difícil, lo muy difícil, lo desquiciante y lo frustrante. Como cuando parabas en el Centro Mail y te gastabas la paga de un mes en ese cartucho que tenía un nivel imposible o te creías que te podías pasar el Ninja Gaiden en Fácil sólo porque ponía “Fácil”. Joven padawan… te queda mucho por aprender, aunque tu experiencia videojueguil te puede curtir sobradamente.

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